Duelo en Spegazzini

El barrio Tres Américas, de Carlos Spegazzini, vivió el domingo pasado uno de sus días más negros. Un auto que iba a alta velocidad —muchos testigos aseguraron que superaba los 100 kilómetros por hora— atropelló a dos jóvenes de 15 y 16 años, causándoles la muerte de manera instantánea. El conductor del vehículo —que se estrelló contra un árbol y volcó—, luego de ser ayudado para que pudiera salir del rodado por un grupo de chicos que estaba jugando a la pelota, intentó escapar, pero los vecinos —al advertir lo que había provocado— comenzaron a golpearlo, hasta que pudo ser sacado del lugar por un patrullero, que también recibió golpes de parte de las indignadas personas. Durante la madrugada, otro grupo de vecinos —totalmente enfurecido— emprendieron contra la panadería que era atendida por el “asesino al volante”, en donde rompieron vidrios y ventanas. Esta panadería (ubicada a 5 cuadras donde fue el hecho) es alquilada por el imputado, ya que el dueño reside en Glew. El lunes a la tarde se inició el velatorio de los chicos en la Escuela Nº 18 “Eugenio Rebizzo” que está a escasos 100 metros de donde se produjo la tragedia —Las Antillas al 1100— y el martes al mediodía fueron sepultados en el cementerio municipal, en medio de innumerables muestras de dolor. Actualmente, el conductor del automóvil que provocó la tragedia, se encuentra detenido —para prevenirlo de una posible agresión— en una seccional fuera del distrito de Ezeiza, ya que en un primer momento estuvo alojado en la comisaría de Spegazzini y luego en Tristán Suárez.
Las inocentes víctimas de este desgraciado suceso fueron identificadas como Fabián Darío Rivero, de 15 años, y Maximiliano Ezequiel González, de 16, quienes vivían en el barrio Tres Américas, desde que nacieron. Ambos, junto a Germán Pesoa, estaban mirando un partido de fútbol que se jugaba en la cancha que está enfrente de la escuela. De golpe, un automóvil Renault 19 de color azul (dominio BKN-730) apareció a gran velocidad por Las Antillas y sin que los chicos pudieran reaccionar, se subió a la vereda y provocó que Fabián Rivero golpeara su cabeza contra un árbol, y que Maximiliano “Gringo” González fuera arrastrado en el parabrisas por más de 50 metros hasta que cayó sin vida sobre el asfalto. Milagrosamente, Germán Pesoa atinó a cerrar los ojos, mientras el auto le pasaba a centímetros de su cuerpo, y cuando los abrió pudo ver la tragedia, aunque él resultó ileso.
El automóvil siguió unos metros más y con los volantazos que le dio su conductor, terminó estrellándose contra un árbol, lo que provocó el vuelco del rodado. La policía identificó al automovilista como Ariel Reynoso, de 32 años y de profesión panadero. Los más de 30 chicos que estaban en la cancha jugando o mirando el partido, ayudaron al conductor a salir del rodado, aunque cuando advirtieron lo que había provocado debido a la velocidad con la que manejaba, comenzaron a golpearlo con trompadas y patadas. Providencialmente, el conductor fue salvado por efectivos policiales que pasaron por el lugar en un patrullero, que recibió una andanada de golpes por parte de los indignados vecinos y amigos de los chicos fallecidos. De la joven mujer —tiene 20 años— que acompañaba al “loco al volante” se supo que también fue trasladada a la seccional 3ª. de Spegazzini, y que se determinó que no sería su esposa. Respecto de qué pudo haber causado el accidente, la joven que acompañaba al panadero declaró ante el fiscal Carlos Hassán que el auto sufrió un desperfecto mecánico, señalaron los voceros judiciales. Los investigadores del caso sospechan que dada la violencia del impacto y el estado en el que quedó el auto, el panadero conducía a más de 100 kilómetros por hora. Adrián González, padre de Maximiliano, uno de los chicos que fallecieron en el hecho, contó que los vecinos que ayudaron a los ocupantes del vehículo “observaron que el velocímetro marcaba 150 kilómetros por hora. Todos dicen que venía muy rápido, que venía en el aire. Después de pasar dos lomos de burro cayó, perdió el equilibrio y se fue para donde estaba mi hijo con otros dos chicos. No es una calle para ir a esa velocidad”.El fiscal Hassan —que caratuló la causa como “Doble homicidio culposo con dolo eventual” — procura establecer por qué el panadero perdió el control del auto y en ese sentido ordenó peritajes mecánicos sobre el Renault 19 y estudios médicos para el conductor. Fuentes judiciales indicaron que a Reynoso se le extrajo sangre para determinar si tenía o no alcohol u otra sustancia química en su cuerpo al momento del hecho y que pudo haber afectado su capacidad para conducir. Sobre una de las posibles causas por la que Reynoso perdió el control del auto, Luis Da Silva, familiar de una de las víctimas muertas, expresó que el hombre “estaba discutiendo con su mujer y en ese momento se subió a la vereda y atropelló a los chicos”.
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