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La Palabra de Ezeiza | Noviembre de 2021

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Una visión del futuro

Por Pablo Ruocco | Esto No Está Chequeado | Ilustración: Digital Snatch | #FiccionesEzeicenses

El último en bajar de la nave D-Word fue Jotaeme. Ya nos encontrábamos sobre el suelo barroso de Bitedeads, un planeta gaseoso con apenas algunas islas más firmes sobre las cuales podríamos trasladarnos en busca de nuestro objetivo. Teníamos poco tiempo: nuestras acciones estaban ensayadas y coordinadas a la perfección desde la Base Pistarini: T-Saurio sería el encargado de guiarnos a través del dispositivo con geolocalización galáctica; Cheela llevaba las provisiones y armamentos (sólo en caso de ser necesario) para que las pocas horas de las que disponíamos fuesen lo más armoniosas posibles; Jotaeme, a cargo de la nave, debía quedarse haciendo base cerca de la misma. De la Jefatura Espacial yo era el único que no tenía asignada una actividad en concreto. No sabía si por falta de pericia o por dejar, justamente, librado de obligaciones a uno de nosotros de modo tal que pudiera acceder al cristal de la manera más simple y directa posible. Esa era nuestra misión: conseguir aquella pieza pálida y brillosa que nos asegurase combustible por más de diez años en nuestro planeta en vías de extinción.  En un momento, T-Saurio señaló un brillo que se destacaba entre las piedras, a no más de cincuenta metros. Fue en ese preciso instante que me convencí: sería yo quien agarraría el cristal, quien lo llevaría triunfal a nuestro mundo, quien recibiría todo el reconocimiento y las loas. Podía imaginar los beneficios y disfrutes en la Colonia Terrestre Spegazzini: comidas, mujeres, dinero... Mientras corría en dirección al objetivo las imágenes se amplificaban y potenciaban en mi cabeza: además de mujeres, también podrían ser hombres, por qué no; viajes y gastos excesivos, sin sentido; todo me sería permitido si, finalmente, yo llevaba ese objeto tan preciado. Acariciaba el oro, las joyas, el sexo desenfrenado, los manjares... cuando el suelo barroso me jugó una mala pasada. Perdí el equilibrio, patiné. Caí con todo el peso de mi cuerpo y el cristal se rompió. Y con él cada uno de mis sueños. Así como también mis huesos, esto último a cargo de mis compañeros de misión.

Esto No Está Chequeado | Sección no basada en hechos reales | Cualquier semejanza con la realidad es mala puntería | Contacto: ezeizaediciones@yahoo.com.ar
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