La Palabra de Ezeiza | Temporada 2020

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NOTICIAS | AGENCIA DIB

No te hagas tanto rollo

Por Juan Carlos Ramirez Leiva (*) | Esto No Está Chequeado | #FiccionesEzeicenses


Nos ha sorprendido a todos el desmesurado acopio familiar de papel higiénico, a raíz de la cuarentena declarada. Pensaría uno que el fenómeno ocurrió sólo en Argentina, pero no. En Nueva Zelanda, Japón, Estados Unidos, Reino Unido y España han tenido que racionar la venta del producto por la escandalosa demanda. En Australia, una persona sacó un cuchillo durante una disputa por los rollos. En Hong Kong, unos ladrones asaltaron un supermercado a punta de pistola para robar una entrega. El director de IE Business School sostuvo: “Una situación de confinamiento a largo plazo genera dudas de cuánto voy a necesitar un producto, pero, sobre todo, provoca miedo a que se acabe. Acumular rollos no es necesario para vivir, pero sí para asegurarse que no caeremos en ciertos estándares de vida no recomendables”. Queda claro que muchos temen que regresemos a la época pre papel higiénico y debamos recurrir a la bondadosa lechuga, trapos, pieles, césped, hojas de coco o de maíz. Los griegos se aseaban con trozos de arcilla y piedras. En tanto, los romanos se servían de esponjas amarradas a un palo y empapadas en agua salada. Los primeros en crear y utilizar papel higiénico fueron los chinos: en el Siglo II a.C. ya habían diseñado un papel para el aseo íntimo. En 1857 comenzó la comercialización de láminas de papel humedecido con aloe (papel medicinal de Gayetty), y para 1880, los hermanos Edward y Clarence Scott vendían papel enrollado, cuando aún se consideraba inmoral y pernicioso su exposición. Buscando explicaciones desde Ezeiza a través de la red, encontramos que en la Universidad Tecnológica de Queensland ven al incremento de la compra de papel higiénico “como una forma de mantener el control en tiempos de crisis”. Es una explicación válida para algunas sociedades, pero no para nuestros paisanos, expertos en supervivencia. Desde la Universidad de Melbourne sostienen que representa comodidad y seguridad, y dado que su costo es accesible, permite pensar que se está actuando ante la amenaza. Con mayor tino, es posible creer que la gente está asustada y se conforta comprando lo que creen que necesitan, y uno de estos artículos es el papel higiénico. Otra razón es porque no hay sustitutos: si no hay papel es frustrante. Como los paquetes ocupan mucho espacio, cuando desaparecen y queda un gran vacío en los estantes se activa el miedo “a qué pasará si me falta lo que otros tienen”. Sostiene Nikita Garg (Universidad de Gales): “Pensamos que, si alguien está comprando algo en masa, es que detrás tiene que pasar algo”. Las situaciones anómalas hacen que las compras tengan un componente más emocional que racional. Los argentinos desconfiamos tanto de nuestras autoridades que, por las dudas, tomamos decisiones drásticas, aun cuando sean irracionales, como en este caso de la abultada compra de papel higiénico, salvo que se hayan equivocado en la comprensión de los efectos colaterales del virus COVID-19.

(*)Integra la Junta de Estudios Históricos de Ezeiza y edita Pensando Desde Ezeiza.

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