La magia de los reyes

Esto No Está Chequeado | #FiccionesEzeicenses | Por Torosaurio

Hay ideas buenas, malas y otras que nacen torcidas. Aunque de nobles intenciones, la idea que tuvo el Flaco Tiscornia, del B° Tres Américas, pertenecía al último grupo. En diciembre de 1988, preocupado de que el piberío de aquel entonces recuperara la magia de las fiestas, se propuso repartir regalos vestido de Papá Noel y consiguió importantes donaciones. Sin embargo, el calor (40º a la sombra) y el traje rojo lo hicieron descompensar y, apenas iniciado el recorrido, se desmayó y terminó internado dos días en el entonces Hospital de B° Uno. Dispuesto a no dejarse vencer por el destino, anunció que los Reyes Magos concluirían el trabajo de Papá Noel y sumó para la tarea a los hermanos Carlos y Norberto Hidayat, hijos de indonesios. Llegó el seis de enero, y los tres se calzaron los trajes en casa de Tiscornia, quien se dio cuenta de un detalle: los Hidayat eran albinos y uno de ellos debía representar al Negro Baltasar. Rápido como él solo, sugirió que Norberto se revolcara en el carbón que había quedado de un asado. A los cinco minutos, Melchor, Gaspar y el Negrísimo Baltasar repartían regalos por su barrio. Una vez más, el calor hacía mella y los Reyes Magos empezaron a sudar la gota gorda y a heder de lo lindo, pero nada los distraía de la misión. Cuando pasaban cerca de una tosquera, Tirscornia (al borde del colapso) señaló que ya habían repartido casi todos los regalos, de modo que podían darse un chapuzón. Aun cuando estaba prohibido por cuestiones de seguridad, tanto los hermanos Hidayat como los chicos accedieron, y corrieron a zambullirse. Ya en el agua, Tiscornia sintió dos cosas: la primera fue que le volvía la vida al cuerpo, y la segunda fueron los gritos de los chicos. Baltasar había desaparecido entre las aguas, y como en un acto de brujería, en su lugar estaba un tipo más blanco que una pared recién pintada. El piberío, aterrado hasta los huesos, rajó sin despedirse. A los cinco minutos llegó un grupo de desaforados preguntando qué les habían hecho a los chicos y por qué unos hablaban de un fantasma, otros de un ser blanquísimo y algunos de la muerte del Negrísimo Baltasar. No vale la pena entrar en detalles, pero el Flaco Tiscornia volvió al Hospital con algún hueso roto, acompañado por los indonesios Hidayat. Pese al nuevo traspié, Tiscornia abrazaba un secreto orgullo: por un buen tiempo, los chicos se olvidaron de la realidad y creyeron en la magia de los Reyes de la Tosquera.

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