Furor por el tejo en Spega

Esto No Está Chequeado | #FiccionesEzeicenses | Por Torosaurio

Cacho Iglesias, vecino de Carlos Spegazzini, era ultracompetitivo. Cuando salía a comer afuera, no toleraba que su único amigo Rodolfo Otarola pidiera la comida antes que él. Tampoco soportaba ser el último en la fila del Pago Fácil. La afición por ser siempre el mejor aumentó cuando Cacho descubrió su amor por el tejo. Se destacó en la categoría individual y ganó varias medallas en torneos locales y provinciales. Ya nadie del distrito lo quería enfrentar, cuando apareció Eustaquio “Fernet” Cavenaghi, oriundo de Córdoba Capital, y lo retó a duelo. Muchos recuerdan aún la cara que puso Cacho al perder contra Fernet. Pidió la revancha enseguida, y Fernet volvió a ganar. La ira del excampeón se intensificó, y sospechó que pasaba algo raro. Un sábado a la noche, Cacho mandó a a su amigo Rodolfo a emborrachar a Fernet para ver si le podía sacar su secreto. Costó bastante —los cordobeses son aguantadores—, pero el misterio se resolvió: Fernet le confesó que jugaba con un disco hecho con el metal de un ovni del Uritorco. Al enterarse, Cacho viajó a Córdoba, y una vez en el cerro, esperó a avistar algo. Ni bien apareció una lucecita en el cielo, sacó su Remington y empezó a los tiros contra la nave, hasta que, a sus pies, cayó un pedazo de lata extraterrestre. Buscó un herrero que supiese trabajar ese material, y retornó a Spega con nuevo disco y la confianza recuperada. Retó a duelo a Fernet, que aceptó, y entonces, en una conocida cancha de tejo, una multitud se reunió un mediodía para ver el partido de los dos gigantes. Arrancó el cordobés con un tiro certero, y Cacho se preparó para arrojar su disco cósmico. Cuentan los testigos de aquel episodio que, en el momento de tirar, el disco salió disparado hacia el cielo, arrastrando con él al pobre Cacho, que gritaba como poseído. Los testigos no daban crédito al espectáculo: la silueta del excampeón desaparecía por entre las nubes. Nunca se lo volvió a ver, y nadie se lamentó. Fernet siguió imbatible en el tejo, ganando las medallas que antes eran para Cacho Iglesias. Un día, Rodolfo se le acercó para preguntarle si había planeado lo del vuelo final del afamado tejista. Fernet se limitó a reír, palmearlo en un hombro y batirle una de sus máximas: “Siempre hay que desconfiar de los cordobeses borrachos”.

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About José María Marcos (Editor)

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