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Los precios de la feria

Esto No Está Chequeado | #FiccionesEzeicenses | Por Míster Afro

Al escritor Julio Cortázar (célebre autor de la novela Rayuela) se lo vio el sábado al mediodía en La Unión entre los puestos de la feria. Se distinguía del resto por su altura, la barba, unos anteojos de marco grueso, y porque, con 37 grados de térmica, andaba con bufanda, pulóver y campera, que enseguida se quitó y cargó en el brazo. Según nos contó el verdulero Edgardo Pietro, don Julio le confesó que minutos antes caminaba por la Rue Royale —en el centro de París, bajo una fría neblina—, pensando en un cuento sobre viajes en el tiempo y en el espacio, cuando, de repente, apareció en el Paseo La Trocha. Desconcertado, el señor Cortázar se acercó a lo de Edgardo para preguntarle dónde se encontraba y por qué la gente discutía tanto por los tomates, la lechuga y las papas. “En comparación a lo que sucede afuera de la feria, aquí los precios son bastante económicos —respondió Pietro—. El tema es que venimos padeciendo una caída económica desde hace tres años. La nafta, los servicios, la comida, todo sube. Disminuyó la actividad industrial, los salarios siguen perdiendo valor y la inflación no se detiene”. “Esto va a cambiar pronto, querido camarada. La revolución está a la vuelta de la esquina. A más tardar será una realidad en la década del 70”, afirmó Cortázar, a lo cual el verdulero tuvo que aclararle que estamos en febrero de 2019. El escritor caviló, y entonces, Edgardo para rescatarlo de una momentánea penumbra le preguntó: “¿Está escribiendo algo, don Julio?”. “Sí —reconoció el cronopio mientras encendía un habano—. Un libro de narraciones breves, surrealistas, que hablan de nuestra existencia. Ayer boceté ‘Instrucciones para dar cuerda al reloj’. Va a decir algo así: ‘Cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure, porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj”. Edgardo sonrió ante la belleza del relato, y al no saber bien qué decir, señaló: “Hoy, don Julio, no se regalan tantos relojes. Todos miran la hora en el celular”. Cortázar no le prestó atención al comentario, y Edgardo agregó: “Ya que está escribiendo un libro de cuentos, por qué no inventa uno que se llame: ‘Instrucciones para vivir en una Argentina en crisis’ o ‘Instrucciones para llegar a fin de mes cuando la plata no alcanza’. ¿Qué le parece?”. Dice Edgardo que el escritor no le contestó. Se dio media vuelta y se perdió entre la multitud de la feria. Cortázar se había quedado sin palabras.

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About José María Marcos (Editor)

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