El subsuelo del teatro

Esto No Está Chequeado | #FiccionesEzeicenses | Por Pablo Ruocco (*)

Desde que empecé a coordinar el Taller de Escritura y Literatura en el Municipio, varias veces visité y recorrí el teatro, ubicado en la parte posterior del Centro Cultural. De entrada, me resultó una edificación imponente: un hall de entrada amplio y luminoso, butacas para mil quinientas personas, un escenario que no tiene nada que envidiarle a cualquier teatro de Capital. Pero lo que pocos conocen es el “detrás de escena”. Me refiero al ascensor luminoso. Sólo porque estamos en confianza, me animaré a compartirles un breve episodio. Domingo 15 de diciembre de 2018. Siete de la tarde. Día en que se entregaban los certificados a todos los alumnos de los talleres culturales. Teatro repleto. Mucho calor. Mucha gente. Yo estaba apoyado en una columna sobre el pasillo izquierdo que bordea la zona del público. Desde ahí podía disfrutar de los números artísticos que se entrelazaban con la entrega de diplomas. De repente —sobre el escenario se lucía un grupo de folclore—, una luz, casi un chispazo diría, llamó mi atención. Venía desde el fondo del pasillo que sigue hasta los camarines. Supuse que sería alguien intentando encender alguna luminaria, sin demasiado éxito. Volví a concentrarme en el espectáculo. Pero de nuevo esa luz, ahora como un parpadeo. Sin pensarlo, despegué la espalda de la columna y caminé en línea recta por el pasillo. Mientras avanzaba, aquella luminosidad —no podría llamarla de otra manera— volvió a parpadear. Llegué a un recoveco, que cruzaba por detrás del escenario. Reconocí las puertas de los camarines. Estaban cerradas. En el medio, una reja de ascensor. Jamás la había visto. Me llamó la atención que, si bien todas las instalaciones del teatro eran nuevas, ese enrejado se veía muy antiguo. Mientras me debatía sobre si volver a mi lugar como público o seguir mi curiosa investigación, recibí un nuevo “llamado” —me resultaba cada vez más evidente que tales iluminaciones contenían algún mensaje que debía develar—, en este caso la luz salió desde el hueco. Dos emisiones cortas, una larga. Apreté varias veces el botón para llamar el ascensor. No pude esperar. Salté. Lo que vi en aquel agujero todavía no tiene palabras para ser contado.

(*) Psicólogo, psicodramatista y escritor. Coordina el Taller de Escritura y Literatura de la Municipalidad de Ezeiza.

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About José María Marcos (Editor)

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