El lado oscuro del ballet

Reseña de la antología Bailarinas (Desde la Gente, 2018). Compilación y prólogo: Anahí Flores. Escribe: Fernando Farías para La Palabra de Ezeiza

Luego de “Luke, yo soy tu padre”, la segunda frase más famosa de Star Wars es “Unite al lado oscuro”. Lo que nos ofrece, justamente, la flamante antología Bailarinas (Desde la Gente, 2018) es espiar en las relaciones que se entretejen en el costado menos luminoso del ballet. Compilada por Anahí Flores, contiene los cuentos “Qué picardía” (Carolina Bruck), “Libélula“ (Maumy González), “Estamos en diez” (Sebastián Grimberg), “No sin cariño (Anahí Flores), “Telón” (José María Marcos), “Una melodía de Chaikovski” (Laura Massolo), “Podridas raíces” (Francisco Moulia), “Vida de Sara en tres movimientos” (Alejandra Kamiya), “La escuela de danzas” (Ariel Bermani) y “Plaza Britania” (Fernanda García Curten).
La contratapa pertenece a Elvio Gandolfo, quien nos advierte que el ballet es un arte pero “también tiene mucho de deporte de riesgo” y agrega que estos cuentos son “de bailarinas, sí, pero también podrían ser, por la intensidad y la violencia, desplegada o reprimida, cuentos de boxeo”. En el prólogo, Anahí Flores, exbailarina, cuenta que concibió la idea del libro conversando con Fernanda García Curten (otra exbailarina, que cierra la selección de cuentos), e invita al lector a “asomarse a los entretelones sombríos de un mundo que, por lo general, asociamos con la disciplina y la belleza”.
Adentrándonos en los textos las expectativas anunciadas se confirman rápidamente y encontramos un leitmotiv umbrío que atraviesa la propuesta. Aparecen la nostalgia, la envidia, los celos, la falta de códigos, los daños irreversibles (tanto corporales como psicológicos) y otros condimentos que crean un caldo de cultivo trágico donde todo lo que puede salir mal sale peor.
El ballet se presenta como un universo rígido, severo, lleno de tensiones latentes que explotan en los momentos menos pensados. Abundan madres intransigentes, bailarines rockstar, rezos impíos, la obsesión más cruel, maestras dictatoriales, la eterna persecución de lo que pudo ser y no fue, una sexualidad desplazada, secretos depravados, odios que matan.
El volumen encuentra su unidad en la multiplicidad de voces que recrean las tinieblas de manera inspirada, mostrando perturbaciones dignas de una película de Lars von Trier. El lector se transforma en un espectador de lujo que espía a través de la cerradura en un teatro donde hasta la inocencia más pura puede trocar en perversión. Tal vez sea porque, en una sociedad que reclama esfuerzos sobrehumanos y que nos desentendamos de la suerte de los demás, la competencia por el primer lugar exige pagar un precio demasiado alto.
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