Entrevista a Javier Renoldi

“Hay historias variadas, anécdotas ezeicenses, tanto de amigos, familiares, íntimas, futbolísticas y disparatadas, pero en todas hay mucha vida y emoción”, señaló el autor de Vivencias asombrosas: la vida se abre camino siempre. El principal mensaje: “Vive siempre”. Escribe: Carlos Condenanza

Javier Renoldi firmó ejemplares de su libro Vivencias asombrosas: la vida se abre camino siempre en la 44º Feria Internacional del Libro de Buenos Aires 2018, el sábado 12 de mayo de 2018 en el stand 433 de la editorial Tahiel (Pabellón Azul). En un reportaje realizado por LA PALABRA, el autor expresó los detalles de su creación.
—¿Cómo surgió la idea de empezar a escribir?
—Como casi siempre las pasiones surgen por alguna consecuencia o inconscientemente, hasta que te das cuenta que realmente te gustan. En mi caso fue la consecuencia. En un momento de la vida comencé a disfrutarla, reaccioné que no nos vamos a llevar nada y cuando sumé un puñado de experiencias, comencé a tener miedo. No a la muerte, sino a la enfermedad del Alzheimer, que es vivir sin recuerdos, en mi caso sería perder la inversión de mi vida. Por miedo inicié a escribir nuestras historias caseras para que no se olviden y que no se pierdan en el tiempo.
—¿Cuándo te diste cuenta que podía transformarse en un libro?
—No fue al instante, en 2011 escribí el primer relato “La cigüeña”. Lo subí a mi perfil de Facebook y más allá de recibir buenos comentarios en esta red social formada por mi familia, amigos y vecinos, noté que muchos se emocionaban. En ese mismo año, luego de un difícil tratamiento nació Victoria, mi primera hija, y a partir de ahí todo comenzó a fluir solo. Seguí subiendo relatos a internet y se volvía a repetir la aceptación. La idea del libro propio comenzaba a tener forma, pero recién me animé a publicarlo en vísperas de mi cumpleaños de 40 (en enero de este año). Creo que este aniversario, el 40, a muchos nos motiva a hacer algo que siempre soñamos.
—¿Con qué se van a encontrar los lectores?
—Es un libro de relatos cien por ciento reales, totalmente simples y diferentes. De palabras cotidianas que hacen muy ágil la lectura, y gente que no leen hace tiempo de repente logran leerlo por completo. Hay historias variadas, anécdotas ezeicenses, tanto de amigos, familiares, íntimas, futbolísticas y disparatadas, pero en todas hay mucha vida y emoción. Se logra una temática, desde el arte de tapa hasta la ilustración del relato “Final”. Buscando dejar el mensaje: “Vive siempre”.
—¿Siempre tuviste inclinación por la escritura?
—Desde chico me gustaba escribir canciones y poemas, que aún conservo. Pero despertó de grande, y creo que haber sido padre me dio los condimentos que me faltaban. Me libero a expresar todo lo que siento en letras. Mi mamá me contaba que mi papá además de leer libros de poemas, también se los escribía, tal vez heredé esto también de él.
—¿A qué te dedicas?
—Soy Contador Público, aunque en la actualidad estoy alejado de mi carrera y uso algunas de las herramientas estudiadas en mi trabajo como empleado bancario, en el Banco Credicoop CL.
—¿Dónde viviste de chico? ¿A qué escuela fuiste, tanto primaria como secundaria?
—Desde 1978 nací y sigo viviendo en Ezeiza. Pasé mi infancia en Villa Guillermina, a donde seguidamente voy a visitar a mi mamá. En ese barrio viví grandes e increíbles vivencias. Concurrí a la Escuela Nº 25 (hoy Nº 9), empecé cuando estaba sobre la calle Antártida Argentina y terminé en el actual edificio de la calle San Lorenzo. En 2013 me invitaron a participar como orador por su 50º aniversario y fue un regalo sin dimensiones. La secundaria la hice en el Colegio Industrial de Llavallol frente a la fábrica de neumáticos Firestone, más conocida como la ENET Nº 1.
—¿Cómo está integrada tu familia?
—Los Renoldi-Lithitx somos cuatro integrantes: mi esposa Cintia y nuestros dos hijos: Victoria de seis años e Ignacio de dos.
—¿Tenés en mente algún otro libro?
—Por el momento quiero disfrutar de este, ya que sin darle difusión me está dando grandes satisfacciones. No solo se está imprimiendo la segunda edición, sino que estoy teniendo una devolución muy buena. Desde muchos ámbitos y edades, los adultos que se ven reflejados en varios relatos y lugares detallados, los adolescentes en “Sin cronicidad colectiva” o en “Cambio extremo”, hasta los niños con “Los pochoclos de Chingangán”. Igualmente, a donde salgo siempre voy con mi anotador y birome, recolectando ideas, momentos y proyectos, tal vez estoy haciendo la previa de un nuevo libro y todavía no lo descubrí. A los viejos y nuevos lectores, les quiero pedir que nunca dejen de perseguir sus sueños, y que se permitan creer en esas situaciones inexplicables, en esas cadenas de casualidades increíbles que nos demuestran y enseñan que la vida siempre aprieta pero suelta, y nos toca a nosotros seguir adelante disfrutando y resistiendo cuando toca.
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