Pasión por los barcos

Ramón Gisbert muestra una reproducción de un sambuco árabe.

Ramón Gisbert, rotario y vecino del barrio ATE de José María Ezeiza, posee una valiosa colección de embarcaciones antiguas que vale la pena conocer.
Su flota, compuesta por barcos construidos a escala, son verdaderas obras de arte, con historias tan extensas como los mares surcados por los navíos originales.
Si bien ha hecho algunas piezas para comercializar, llegando en ciertas épocas a generarle un importante ingreso, Ramón ha construido una gran cantidad de navíos para su colección privada, a partir de una vocación íntima. En esta tarea ha conjugado una enorme paciencia con una gran habilidad, dedicando en algunos casos muchas horas de trabajo.
Posee réplicas de un sámbuco árabe, la carabela Santa María (con la que Colón arribó a América), el barco Wasa (conocido como el Navío de Bradenburgo, con 58 cañones), el navío escuela Mataró (siglo XVII), la Galera Real de Don Juan de Austria (que participó de la Batalla de Lepanto), el navío Nuestra Señora de Atocha (siglo XVII), la Coca Catalana (o Naú de Mataró) y un navío vikingo.
Actualmente su proyecto es construir un pailebote, que es una goleta pequeña, sin gavias, muy rasa y fina. "Me gustaría poder enseñar esta tarea, pero es muy difícil encontrar un aprendiz que reúna la paciencia y la habilidad necesarias —explicó Ramón Gisbert en diálogo con LA PALABRA—. Encima, hoy, todo tiende a las inmediatez cuando esta tarea lleva años de trabajo y dedicación".
HISTORIAS
Hablar con Ramón sobre estas embarcaciones es un enorme placer. Son tantas las historias que uno se siente transportado a tiempos remotos. Por ejemplo, el sambuco árabe (que Gisbert construyó entre 1974 y 1975) es una de las primeras embarcaciones que podía navegar sin remos independientemente de la dirección del viento. Los historiadores coinciden en que su aparición está ligada a la del Islam, ya que fue el instrumento que permitió a los árabes propagar su nueva fe por casi toda la cuenca del Océano Índico.
EL WASA
El Wasa o Navío de Bradenburgo —otro de los orgulloso del rotario— es el barco de guerra sueco más conocido de la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), que fue hundido apenas fue botado. Su final creó un mito, y su recuperación suscitó uno de los mejores eventos del siglo XX. Su creador fue el holandés Henrik Hybertsson, y lo recuperó el investigador sueco Anders Franzén, quien conocía la leyenda del Wasa desde su niñez. Franzén exploró durante varios años el puerto antiguo de la ciudad hasta que en 1956 lo halló cercano al islote de Beckholmen, a 32 metros de profundidad.
LA COCA
CATALANA
Una de las últimas obras de Gisbert es la reproducción de la Coca Catalana, o Nau de Mataró. Se trata de una embarcación de carga muy utilizada en las ciudades marítimas del mediterráneo. La representación más famosa es la llamada Coca Catalana, que fue hallada en la ermita de San Simón, próxima a Mataró y que actualmente es una de las joyas del Maritiem Museum Prins Hendrik, de Rotterdam.
La nave ha sido estudiada por numerosos arqueólogos navales, entre ellos por el investigador alemán Enrich Winter, que publicó el trabajo Mariner’s Mirror.
De la Coca Catalana se han construido algunas réplicas. Una de ellas está custodiada en el Museo Marítimo de Barcelona y otra en el Museo Naval de Madrid. Existe también una representación pictórica, pintada por Joan Reixach en 1468, para la iglesia de Cubells (Lérida), y que en la actualidad se custodia en el Museo de Arte de Cataluña.
Y en Ezeiza contamos con una reproducción construida por Ramón Gisbert, un apasionado con el que da gusto ponerse a conversar. Sólo hay que saber que su charla nos transportará hacia costas distantes, a un destino colmado de historias.
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