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La Palabra de Ezeiza | Octubre de 2021

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Prestame tus ojos

Por Viviana Rosenzwit(*) | Esto No Está Chequeado | Ilustración: Digital Snatch | #FiccionesEzeicenses


Mi mamá siempre tuvo problemas con la vista, la miopía se le iba acrecentando con los años. De grande se le sumaron las cataratas; pero, gracias al avance de la medicina, llegó a operarse con láser en un acto de valentía absoluta. “Al final era una pavada”, me dijo luego de la intervención, con una media sonrisa que todavía le temblaba en la comisura de la boca.
Desde que tengo memoria o quizás desde que comencé a leer y escribir, no lo sé, mamá me pedía que le prestara mis ojos. Recuerdo su frase: “Hija vení, prestame tus ojos para”... leer una receta, una factura de servicios, alguna carta que llegaba por correo, enhebrar la aguja, hojear un libro. Y yo corría ante su demanda tratando de complacerla, sintiendo que tenía un privilegio del cual ella carecía.
Siempre usó anteojos, los de ver de cerca y los de lejos, y luego los dos en uno solo, pero, claro, nunca se acordaba adónde los había dejado y sin ellos era imposible ver nada. Además, habitualmente tenían algún problema porque no se ajustaban bien a su visión. La llevaba a distintos oftalmólogos para acortar su dificultad, para que no necesitara vivir con los ojos prestados, pero nada resultó.
“Prestarle mis ojos” se convirtió en nuestro ritual, y despertó distintos tipos de humores a medida que fui creciendo y que la vida pasaba. De niña, corría a su llamado, yo era importante, ayudaba a mi mamá. Me convertí en señorita. ¡Ay no tener una hermana que me suplante por un rato! Y de grande, pasados los cuarenta años, yo también usé anteojos, el universo empezaba a volverse difuso, a acercarnos; intenté hacer lo mejor que pude… no fue fácil. Nunca es fácil.
Sus últimos días le leí un libro que le encantó: El corazón se enlaza a otro para seguir andando. Lo dejé sobre la mesa de luz del sanatorio pero, cuando llegué a la mañana siguiente, el libro seguía ahí, cerrado, con la marca puesta en la página 82, esperando mis ojos para ser leído. Mamá volteó la cabeza y yo interpreté su ruego en silencio: “Prestame tus ojos”.
***
Ahora estoy aquí esperando los ojos de mi hija. A mí también se me opacó la vista. Pero ella no viene, y es probable que no intente llegar. Yo sé que no es fácil, nunca es fácil.

(*) La autora es creadora de Viví Libros y brinda servicios bibliográficos. En 2021, Viví Libros cumple 20 años y lo celebra con el Concurso de Microrrelatos del Recuerdo, que cierra el próximo domingo 4 de julio. www.vivilibros.com

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