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La Palabra de Ezeiza | Abril de 2021

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Los gritos de Ezequiel

Por Ezequel Altamirano(*) | Esto No Está Chequeado | Ilustración: Digital Snatch


Chicos y chicas caminaban en dirección a la Ruta 205 para tomar el colectivo, un día soleado de otoño. En medio de una animada charla vieron a su amigo Ezequiel detenerse frente al Hospital y gritar al encontrar un gatito negro.
—¡Miren! —dijo—. ¡Me lo voy a llevar a casa!
—¡Tus viejos se van a enojar! —opinó Candela.
—No pasa nada. Ya va a ser tarde cuando se den cuenta —comentó Eze.
—Cuidado. No vaya a ser el hombre gato... —bromeó Brian y lanzó una carcajada.
—Hablando de eso... —interrumpió la conversación Nico—. La profe Graciela dijo que el hombre gato suele estar en edificios abandonados. Yo pensaba en el Loquero... ¿Qué les parece si vamos a dar una vuelta?
Al rato, todos —incluso el gato— llegaban al Loquero, un enorme esqueleto de cemento.
—Rápido —dijo Nico mientras abría un portón de metal.
Tras avanzar por terrenos desbordantes de maleza, ingresaron a la construcción. Se escucharon ruidos. El gatito se asustó, rasguñó a Ezequiel y salió disparado. Eze fue en su búsqueda.
—¡Boludo, pará! —señaló Santi cuando vieron a Eze perderse por un pasillo.
—Déjenlo. Va a estar bien —dijo Candela, confiada.
Los demás caminaron sorteando escombros. No les tomó mucho tiempo llegar al centro, donde unas enormes escaleras deterioradas conectaban el edificio entero. Subieron sin pensarlo. Cuanto más se adentraban en aquella estructura gigante, más crecía la curiosidad.
Harto de caminar, Brian dijo:
—Ya estoy cansado. Volvamos a casa. No hay nada. No existe el hombre gato ni nada.
Antes de que los demás pudieran contestar, se escuchó un nuevo grito de Ezequiel. Corrieron a buscarlo. Lo encontraron aterrorizado en el suelo, apoyado contra una pared.
—¿Qué pasó? —preguntó Braian.
—Tenían razón —y señaló a un lado de la habitación.
De pie, junto a una ventana, estaba una criatura humanoide y alta, de piel negra, orejas puntiagudas y una larga cola.
Los jóvenes quedaron paralizados. La criatura sonrió al verlos. Luego saltó por la ventana y se perdió en la espesura de la vegetación.

(*)El autor es estudiante de la Escuela Técnica Nº 1 de La Unión. Trabajó el relato con la profesora Graciela Castruccio en el marco del Concurso Buenos Aires Fantástica.

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