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La Palabra de Ezeiza | Agosto de 2021

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Copperfield anda al acecho

Por Míster Afro | Esto No Está Chequeado | Ilustración: Tomassini | #FiccionesEzeicenses


Entre los trabajadores de los supermercados de Ezeiza corre la leyenda urbana sobre un sagaz forajido que se llenó de dinero a expensas de saquear las arcas de sus patrones. Los rumores indican que, en sus inicios, el facineroso llevó a la quiebra a un kiosquito de El Tala, un almacén de Vista Linda y dos súper chinos de La Unión y Spegazzini. Luego se especializó en grandes marcas, para dejar tranquilos a los emprendimientos más modestos.
Un viejo empleado de Coto nos contó que hace un par de años se vigiló a un repositor durante meses. En la sucursal de Tristán Suárez temían estar ante la presencia de este mito de la delincuencia vernácula.
Un guardia detectó,  a través de las cámaras, la conducta sospechosa de un hombre de cuarenta años. Cada tarde, a la salida de su horario, se marchaba empujando hacia el estacionamiento un changuito cubierto por una tela negra. Presumieron que transportaba mercadería y se preparó una acción para detenerlo. Con las filmaciones y testigos, se lo podría despedir con causa y sin indemnización.
Un viernes, según el relato, se demoró al empleado, que se mostró sereno ante el operativo y accedió a quitar el paño. Quienes presenciaron la acción dicen que sacó el velo como si fuera el mago David Copperfield, con elegancia, glamour y suspenso. Grande fue la sorpresa cuando los presentes vieron que el carrito estaba vacío. 
El repositor declaró que usaba ese lienzo oscuro para proteger a los changuitos del sol. Ante la sorpresa generalizada, nadie se animó a pedirle que dejara de lado esta inusual práctica. En los meses siguientes, se lo requisó un par de veces más, con igual resultado.
Con el tiempo, los agentes fueron trasladados a otro objetivo. El asunto se olvidó y nadie sabe bien qué sucedió con las imágenes donde se registró la extraña conducta de este hombre, a quien nadie recuerda con precisión, porque no era afecto a las amistades ni participaba de redes sociales. Entre los empleados, por lo bajo, se lo empezó a llamar Copperfield. Nuestro informante dice que desapareció de un día para el otro y nunca más se lo vio por allí. Muchos opinan que trabajaba con una identidad falsa.
Versiones no descartan que el ladrón sea una mujer, o, bien, una poderosa organización. No hay certezas.
Los que se inclinan por la épica del solitario dicen que Copperfield ya se retiró y con el dinero recaudado compró propiedades para vivir de rentas. Muchos siguen en estado de alerta porque se comenta que él sigue entrando a Coto como cliente (tal vez con anteojos, barba y peluca) y ejecuta nuevos atracos para despuntar el vicio. Una hipótesis reciente señala que este alquimista de la ratería nunca sustrajo dinero, comestibles ni electrodomésticos. Copperfield habría amasado su enorme fortuna robando changuitos. 

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