Agenda completa hasta el 2024


Por María Cecilia Gilardoni Esto No Está Chequeado | Ilustración: Tomassini

Quiero escribir algo para mandar a La Palabra y sé que el espacio en el que colaboro está dedicado a la ficción. Pero ocurre que hace más de un mes, una realidad de ribetes distópicos se adueñó de nuestro cotidiano. Y desde ese momento, acá en Canning como en Sydney, las extrañas maniobras que preceden o acompañan a las tareas comunes, como abrir un paquete de galletitas o accionar el picaporte para permitir el ingreso a nuestras casas, han difuminado el límite entre la realidad y la fantasía.
Y sí. Debo asumirlo. Me quedé sin ideas. ¿Qué hecho podría conmoverme y desencadenar mi afición novelera para narrar, cuando ya me resulta absolutamente natural cruzarme con mis vecinos en la calle con la cara semi tapada con un barbijo, una remera atada en la nuca o dos vueltas de bufanda enroscada, en medio de un otoño de temperaturas todavía cálidas? Y me detengo en esto de coincidir con vecinos en la vía pública, por advertir que sólo podré encontrarme con aquellos cuyos documentos terminen en el mismo número que el mío.
No, no. Definitivamente, la realidad me sacó varios cuerpos de ventaja. Reconozco que me ganó.
Por eso, sólo se me ocurre escribir sobre lo que siento cada día, en este ostracismo que a veces me agobia, pero que entiendo es la única forma eficiente de colaborar. Hoy cuidarme es cuidar y ya no es un slogan. Es un mantra.
Y entonces hago planes. De hecho, mi agenda está completa hasta el 2024. Cafés que voy a tomar con gente a la que no veo hace tiempo, asados, picadas, libros, viajes. Claro. Eso antes de que se conociera ese antipático estudio de Harvard. Como sea, tengo agenda para rato.
Pero esta tarde de un recién estrenado mayo —y como dije más arriba, a más de un mes de cuarentenear con la sola compañía de Benito que por suerte, según la ciencia veterinaria, su condición de perro lo hace “Covid-19 free”—, entiendo que de lo único que quiero escribir y las únicas palabras que deseo usar son: esperanza, anhelo, perspectiva, confianza, y sobre esas cuatro patas resignificar este pequeño relato en un solo deseo: que la humanidad toda, hoy interpelada por una pandemia, logre generar el cambio que nos haga gritar maldón(*) y dar de nuevo.

(*) Nota de la Redacción: La expresión “gritar maldón” viene de una regla que se usa en algunos juegos de cartas. Brinda al participante la posibilidad de pedir que se baraje y se reparta de nuevo. Cecilia nos contó que la usaba en épocas de fogón cuando se le daba por incursionar en el truco. 

Esto No Está Chequeado | Sección no basada en hechos reales | Cualquier semejanza con la realidad es mala puntería | Contacto: ezeizaediciones@yahoo.com.ar
    Blogger Comment