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La Palabra de Ezeiza | Temporada 2020

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El linyera antimateria

Por Tomassini | Texto e ilustración | Esto No Está Chequeado | #FiccionesEzeicenses

Tocó a mi puerta Luis, el linyera de Tristán Suárez, con un casco de papel aluminio en la cabeza. Como estaba solo por la cuarentena, lo dejé entrar, a pesar de que esto no debe hacerse. Pensé que era bueno acompañarnos un rato para olvidar los problemas que nos rodean en estos días de coronavirus. Puse el agua para tomar mate cocido, mientras me contaba una de sus tantas fábulas. Nunca me canso de escucharlo, aunque ese sábado gris se le notaba más raro de lo habitual.
—Ayer, un ovni me abdujo para hacerme estudios en mi corteza cerebral, Tomassini. No lo quiero amilanar, pero quizá no sea el hombre que cree que soy. O bien puede ser que sea el dipsómano de siempre. De todas formas, he venido a visitarlo para tener una conversación formal espontánea sobre un tema específico.
Lo invité a sentarse en la mesita, frente a la ventana. Al hacerlo, un relámpago dio pie a la lluvia y se cortó la luz. La cara de Luis se iluminó con un segundo relámpago y me dieron miedo sus ojos desorbitados. Continuó hablando sin dejar de mirar el horizonte:
—Nos están fotografiando, sonría. Iré al punto, Tomassini. ¿Conoce algo sobre antimateria? Creo que soy eso. Como un electrón con carga positiva. Soy el hombre que usted recuerda, pero totalmente opuesto.
Un escalofrío recorrió mi espalda, y temí por mi vida. Como todos deberían saber, a este tipo de personas nunca se les debe llevar la contra, pero sí poner límites. Cuando dejó de llover, le dije que lamentaba no conocer de antimateria y le pregunté dónde dormiría esa noche.
Un trueno cercano hizo temblar todo.
—Me llaman. Hora de irme. Planeo quedarme bajo el techito de la iglesia. Allí dejé mi colchón y las cobijas. La policía me conoce y no me molesta. Le agradezco su charla.
Lo acompañé a la puerta. De repente, escuché un ruido metálico, agua bullendo y un silbido. Me pegué alto cagazo hasta que recordé que había puesto la pava para tomar mate cocido.
En el mismo instante en que miraba la pavita chillando, un nuevo rayo iluminó el cielo haciéndolo día. Volteé a despedirme de Luis, pero él ya no estaba.

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