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Enanos escapados de un cuentos de hadas

Por La Campanera de San Juan | Esto No Está Chequeado | #FiccionesEzeicenses

LOS ENANOS DE FANTASÍA. En estas épocas de lenguaje inclusivo, se interpreta como discriminador o freak decir “enanos”. Pero así figuran en los libros de otras décadas tan traumatizadas como las de hoy. Decenas de generaciones aprendieron a leer con las peripecias del enano Tilín que perdía su campanita yendo a parar a la panza de un sapo. O en el libro Calidoscopio o en Piruetas, todos maravillosamente ilustrados por Athos Cozzi. Y sólo recordando los libros escolares.
LOS ENANOS DE VERDAD. Aquí en Ezeiza había un hogar habitado exclusivamente por gente enana. Se entraba a la casa por el “shopping sin techo”. La cuadrícula aún era un proyecto. Por cateo visual de materiales se nos hace que era contemporánea de lo que la gente conoce hoy como “la quinta de Oscar”, la que luce chanfleada respecto de las casas vecinas. Sería un puesto que señalaban habitado para justificar el escaso uso de la tierra sobre “la calle Merqui”. Pero, cuando llegaron los enanos, la situación se revirtió y se dedicaron con esmero a la quinta. Los vecinos salían cargados de verduras frescas que les vendían, regadas con agua del arroyito cercano. Los frutales eran la tentación de los pibes que, durante el verano, se las ingeniaban para colarse y robarles, aunque estuvieran verdes, aun cuando debieran aguantarse la lluvia de piedras con que buscaban ahuyentarlos. Su bolsa de los mandados era de arpillera, de ahí que aquí se buscara aleccionar rebeldías de niños con la amenaza: “Te voy a hacer llevar en la bolsa por el enano”, mientras la madre relojeaba de costado con cara seria. Los enanos lloraban con expresiva desdicha cuando la lluvia los inundaba y debían refugiarse en el techo de la casita baja. Las expresiones y gritos de dolor se oían hasta en la escuela primaria. Tan normal era su presencia como la que teníamos mirando por la televisión El show de Anteojito y Antifaz donde un Hada Patricia compensaba las maldades de una bruja Cachavacha agitando su varita.
¿FIN? Quién puede saber el futuro. Con el calentamiento global tal vez resurja, como manantial que perfora la roca, el arroyito generoso que cruzaba por la casa de los enanos; la gente se achaparre achicharrada de calor y salgamos todos a vender tomates con bolsas de arpillera.
—¿A cuánto el kilo?
—Espere que miro la cotización del dólar en mi nuevo smartphone.

Esto No Está Chequeado | Sección no basada en hechos reales | Cualquier semejanza con la realidad es mala puntería | Contacto: soytorosaurio@gmail.com
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About José María Marcos (Editor)

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