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El admirador de Silvio Soldán

Esto No Está Chequeado | #FiccionesEzeicenses | Por Tomassini


William Castro Argüello (un paraguayo que vivía en Vista Linda) cayó preso por ejercicio ilegal de la medicina y pasó varios años detenido, primero en la cárcel de Ezeiza y luego en Devoto. Aunque nunca había ido a la Facultad, William solía ejercer la “medicina ambulante” —según sus propias palabras— y era conocido en nuestra zona por el siguiente procedimiento: maletín en mano, trajecito azul y estetoscopio en el cuello, tocaba el timbre y preguntaba si había algún enfermo en la casa. Si se lo permitían, pasaba a verlo, le hacía unas pruebas y, al final, recetaba y vendía un pote con un líquido verdoso que preparaba de manera artesanal. “A mí me curó de un cáncer terminal cuando todos los médicos me habían desahuciado. Y sé que también salvó a muchos acá, en Ezeiza. Yo le voy a estar eternamente agradecida”, recordó Coca Albarenga, de Villa Guillermina, cuando se conoció su detención a partir de que, al menos, dos de sus pacientes habían fallecido y otros se quejaban de fuertes intoxicaciones. Sus compañeros de celda en Ezeiza cuentan que William estaba deprimido “por no poder seguir ayudando a la gente” cuando en el año 2004 fue trasladado a Devoto y su vida cambió para siempre: allí se cruzó con el conductor televisivo Silvio Soldán, reconocido por los programas Grandes valores del tango y Feliz domingo, de los cuales Castro Argüello era fanático. Silvio sufría una detención preventiva por estar implicado junto con su mujer Yisel Rímolo por cargos similares a los del paraguayo de Vista Linda. “¿Cómo le va, don Silvio? Soy William Castro Argüello, un fan suyo desde pibe”, le dijo Will, apenas se lo cruzó una mañana. “¡Feliz domingo, William! ¿Sabías que tenemos el mismo nombre? Me llamo William Silvio Soldán. Gusto en conocerte”, respondió Silvio, y enseguida, se hicieron amigos. Caminaban por los pasillos charlando, cantando, recitando poemas. Juntos armaron un show convocando a otros presos artistas, y esa noche, Will cautivó al público entero. “Fue espectacular. El Paragua cantó igual que el Polaco Goyeneche”, contó Luis, uno de los capos del Pabellón C. A los pocos días, Silvio fue liberado —tras dos meses de prisión preventiva—, pero en Will su huella ya era imborrable y nunca más cayó en la trampa del pesimismo. Hace dos años, Castro Argüello cumplió su condena y salió del penal. No se animó a molestar a Silvio para reinsertarse, pero en su honor canta tangos, valses y milongas, y suele presentarse en boliches dedicados al turismo en la zona de San Telmo. A quienes lo invitan con una copa les cuenta la historia que transcribimos, y que, por supuesto, no hemos chequeado. Sigue ofreciendo un extraño menjunje casero para la salud, aunque cuando estuvimos con él, en un bodegón porteño, nos abstuvimos de probar dicho elixir. De lo contrario, quizá, no estaríamos aquí compartiendo estos chismes.

Esto No Está Chequeado | Sección no basada en hechos reales | Cualquier semejanza con la realidad es mala puntería | Contacto: soytorosaurio@gmail.com
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About José María Marcos (Editor)

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