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Lucho vs. Robin Hood y Jesse James

Esto No Está Chequeado | #FiccionesEzeicenses | Por Jade Shung


Todos los días viajaba a mi trabajo en Ezeiza. Desde la estación tenía que caminar unas cuantas cuadras hasta llegar a la oficina. Cada mañana me cruzaba con las mismas personas. El uruguayo que vendía café y el tucumano que ofrecía artesanías. El chaqueño que se dedicaba al teatro callejero. El socialista que vendía libros de Alfredo Palacios y el evangelista que, con un megáfono, convocaba al reino de Dios a infieles y descarriados. También estaba él, Lucho. Pertenecía a un grupo que ayudaba a quienes querían abandonar las drogas y el alcohol. Era feliz con su misión y nunca perdía el buen humor. Un día llegué temprano y me invitó a tomar unos mates.
—Jor, ¡¿no te imaginás lo que vi anoche?!
—¿Qué cosa?
—Estaba acá, mirando para allá, y se aparecieron dos hombres a caballo. Uno vestía como cowboy y el otro como armero. Por dentro pensé: qué parecido a Robin Hood. En eso, me miraron, los miré, y eran ellos.
—¿Quiénes?
—Ellos: Robin Hood y Jesse James. Discutían. Que ésta es mi área. No, la mía. Que sí, que no... Escuchá, Jor, escuchá el galope. ¡Ahí vienen por la calle French! Y siguen peleándose. ¿Qué se piensan estos tipos? Esta tierra no es de ellos ni para ellos, es sólo nuestra y la tenemos que defender. ¡Vengan! —gritó Lucho, llamando a los demás—. ¡Hay que proteger el territorio!
El uruguayo, el artesano, el chaqueño, el socialista y el evangelista empezaron a arrojar objetos hacia donde señalaba Lucho.
—¡Ahí, ahí! —indicaba Lucho—. ¡Péguenles! Vos, también, Jor, agarrá algo.
Yo miraba asombrada cómo todos revoleaban vasos de café, Biblias, artesanías.
El pastor preguntó:
—¿Y, Lucho? ¿Cómo vamos?
—¡Sigan, sigan! ¡Hay que darles duro!
Todos obedecían las órdenes de Lucho, quien entre ademanes permanentes organizaba la operación.
—Bien ahí, equipo —dijo Lucho, luego de un buen rato.
—¿Ahora sí se fueron? —preguntó el artesano.
—Sí, amigos, ya está.
—Mirá, Lucho, intentá la próxima echarlos vos solo, porque salen caras tus locuras —dijo el cafetero.
—Salvamos Ezeiza, ¡¿qué más quieren?!
—Sí, claro, Lucho. Dejá de fumanchar.
—No le hagas caso, Luchito. Lo importante es que se fueron. Tranqui, che, siempre vamos a estar de tu lado —cerró el chaqueño.
Así, cada tanto, Lucho peleaba contra seres imaginarios que pasaban por Ezeiza con la intención de rapiñar algo. Y ahí estábamos nosotros, sus cientos de amigos que jamás lo olvidaremos.

Esto No Está Chequeado | Sección no basada en hechos reales | Cualquier semejanza con la realidad es mala puntería | Contacto: soytorosaurio@gmail.com
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About José María Marcos (Editor)

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