Crímenes y ficción política en clave pulp

Reseña de Los muertos del Riachuelo (Interzona, 2018) de Hernán Domínguez Nimo. Por Fernando Farías.

Colección Interzona Pulp ofrece un nuevo título para los amantes de la literatura fantástica rioplatense: la nouvelle Los muertos del Riachuelo, escrita por Hernán Domínguez Nimo, también autor de Si algo está muerto, no puede morir (Textos Intrusos, 2015), Tiempos muertos (Peces de Ciudad, 2016) y La primera muerte es gratis (Ayarmanot, 2017). El libro contiene ilustraciones de Grendel Bellarousse, y continúa la tradición de la colección con un diseño que remite a las clásicos bolsilibros de editoriales como Bruguera, Toray, Hispano Americana y Cliper.
La historia arranca a partir del relato de un cronista anónimo que decide investigar un hecho del que poco se sabe y nada se habla. Según averigua, el 6 de febrero de 1997 un rayo cayó sobre el viejo Puente Transbordador Nicolás Avellaneda, y la electrificación provocó que los cadáveres olvidados en las aguas del Riachuelo volvieran a la vida. A través del escudriñamiento y las reconstrucciones del cronista, conoceremos más sobre una historia que alterna su tono entre la sátira desenfrenada, el terror visceral y la comedia negra.
Alternando entre la primera y la tercera persona, el cronista se (y nos) zambulle en una trama trepidante que constituye algo muy parecido a una montaña rusa alocada. Ningún lector tendrá tiempo de aburrirse: los casos de los muertos se suceden sin piedad ni respiro. Todo resucitado tiene alguna cuenta que ajustar, por lo que la venganza se transforma en el leitmotiv de buena parte del libro.
Pero cuando el relato podría regodearse entre el gore y el susto fácil, el autor decide optar por tocar temas ligados a la corrupción de la década de los 90 y las injusticias que aún hoy hacen eco. De esta forma, la narración se suma a la tradición de las películas de George A. Romero, John Carpenter o David Cronenberg, donde el trasfondo político y social constituye un elemento clave.
El lenguaje usado bien podría ser el de un cronista de cualquier diario, revista o sitio web independiente. Apelando a este tono, Domínguez Nimo escribe en forma directa y simple, contribuyendo a la amenidad de la narración, aunque sin echarse atrás en los momentos más mórbidos, recordando al inigualable Richard Matheson.
Mención aparte merecen las ilustraciones de Grendel Bellarousse. Las mismas representan un soporte ideal para la narración, y se encuentran distribuidas en momentos clave del relato. Bellarousse retrata formas oscuras, sombrías, que transmiten terror justamente por lo que no se muestra, sino que se insinúa, igual que en las ilustraciones de Alberto Breccia sobre cuentos de Lovecraft.
En pocas palabras, Los muertos del Riachuelo continúa la tradición de la ficción popular que pone el foco en las fallas del sistema y sus autoridades. En un mundo plagado de corrupción putrefacta, donde quienes deben velar por el bien común están ocupados escondiendo (o ahogando) sus errores, y la injusticia forma parte de la cultura diaria, ¿cómo no ponerse del lado de los muertos? +Info
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About José María Marcos (Editor)

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