Violeta Vazquez: “La teta se dejó de dar porque en la era industrial había que separarse de lo animal”

En la Semana de la Lactancia Materna, la puericultora Violeta Vazquez, autora del libro “Dar la teta”, habló sobre el proceso histórico por el cuál se dejó de lado el amamantamiento y cómo está resurgiendo en los últimos años gracias a la figura de las puericultoras. Por Daniela Bonamino (agencia Télam)

Violeta Vazquez, autora del libro “Dar la teta”, explicó el proceso histórico por el cuál se dejó de lado el amamantamiento y cómo resurgió en los últimos años gracias a la figura de las puericultoras.
¿Cuándo y por qué se dejó de dar la teta?
La teta se dejó de dar hace relativamente poco. Incluso la cesárea es una práctica de intervención que se utiliza con éxito desde hace pocos años. Un siglo atrás y más aún, sobrevivían los niños que tomaban teta y nacían por parto natural.
A partir de la Revolución Industrial y todos los cambios que se generaron con la industrialización las madres en vez de darle leche a sus hijos (obviamente hablando de una historia centrada en Europa y una clase media alta) elegían tener nodrizas o amas de leche que se encargaban de alimentar a sus hijos. Allí comenzó a dejar de dársele importancia a la fisiología. La máquina cobró una importancia enorme y empezó a devaluar la conciencia corporal. La capacidad de la clase media de intelectualizarse hizo que haya como una especie de devaluación de lo corporal y una revalorización de lo intelectual.
Había que separarse del animal que fuimos, revalorizar el humano por la razón, entonces en ese esquema, dar la teta era algo primitivo, algo que se relacionaba con lo animal.
¿Cuándo aparece la leche de fórmula y que consecuencias trajo?
Junto con la industrialización aparece la industria de la leche, todo un sector dedicado a inventar una fórmula para el recién nacido que en su momento apareció como si ahora nos trajeran una máquina que cura el cáncer, era “el invento”. Una leche a base de vaca pero adaptada a las necesidades de un bebé. Apareció como algo mágico, “la fórmula” que permitía que cualquier persona que no sea la madre pudiera suministrarle al bebé el alimento. Así, en pleno momento de revolución de la mujer, ella quedaba liberada de su tarea natural con una fórmula hecha en laboratorios.
No sólo se fue perdiendo la transmisión de mujer a mujer de cómo se daba la teta porque habían tenido una nodriza, sino que también se fue perdiendo el concepto de salud, la conexión con el propio cuerpo, porque lo único que importaba es lo que decían los análisis de laboratorio y el médico. De esta manera las mujeres fueron perdiendo su confianza en el hecho de gestar, parir y amamantar.
¿Cuándo empieza a cambiar el panorama?
Hasta hace muy poco no había, incluso no hay muchos estudios sobre los beneficios de la leche humana porque generalmente son bancados por laboratorios y empresas y como es gratis no conlleva ninguna ganancia. Hace pocos años descubrimos que la leche materna es un fluído vivo que está llena de bacterias, hormonas, anticuerpos, y eso no lo puede reproducir ninguna leche que está muerta.
Ahora, con las mujeres que dan fórmula muchas veces se dice que "hay que empoderarlas", ni siquiera es ese el objetivo, porque la lactancia es lo natural, no se debería poner en duda, salvo circunstancias particulares, como dice Carlos González: “comparar la lactancia con leche de fórmula, es lo mismo que comparar caminar con andar en sillas de ruedas, nadie va a elegir eso si no tiene un problema”.
Pero, como todo movimiento genera su contra-movimiento, en la medida que algunas estaban criando a base de leche de fórmula, por ejemplo mi generación que ahora tiene entre 30 y 40 años, también había otras mujeres que ya empezaban a hacer movimientos a favor de la lactancia materna. Investigaron, hicieron estudios y de a poco se empezó a volver a darle importancia a lo fisiológico y a lo natural. Comer natural, gestar natural, parir natural, criar natural.
Natural es una palabra un poco engañosa porque lo que estamos tratando de decir es “con la menor cantidad de intervención posible”.
¿Cómo surge la figura de la puericultora?
En todo ese proceso aparecieron mujeres que se plantearon que ellas querían dar la teta. Empezaron a pedir un acompañamiento para amamantar y los profesionales no tenían ese conocimiento, entonces muchas mujeres que amamantaban comenzaron a formarse como líderes para apoyar a otras mujeres que querían dar la teta. El pediatra es excelente en ver patologías, pero esto implica ver fisiología, con procesos complejos que son parte de la salud y no de la enfermedad.
Hace 15 o 20 años nace la figura de la puericultora acá en el país y se empieza a profesionalizar en lo que es lactancia del niño y crianza que va desde la gestación hasta los dos años aproximados siguiendo la recomendación de la OMS que habla de dar la teta como mínimo hasta esa edad, pero el acompañamiento se puede extender.
El foco es la lactancia materna, el mayor caudal de consultas está entre las últimas semanas de embarazo y el primer año de vida del bebé. Complementamos la figura del pediatra y la partera. Y la idea es trabajar de manera interdisciplinaria.
Desde la escuela que dirijo estamos tratando de aportar una tercera mirada más sistémica, vinculada a lo familiar, al desarrollo del autoconocimiento del mismo profesional. Trabajamos con biodecodificación, que plantea que cuestiones que tienen que ver con los síntomas físicos y con la salud están engranados en vivencias, percepciones que tuvimos en el pasado o que inlcuso pudieron tener nuestros ancestros.
¿Cómo se vincula la biodecodificación con la lactancia?
A veces cuando la cosa se complica con la lactancia, si la madre quiere podemos bucear en el árbol genealógico, en ver cómo fue la crianza de esa mamá y ese papá para ver qué es lo que esa teta puede estar manifestando, y que generalmente es muy claro porque la teta es un conflicto de nido. Cuando aparecen infecciones habla de reparación de los conflictos de nido o de separación en el mismo, porque además cuando una se vuelve madre por supuesto que tiene que reconfigurar todo su sistema de ser hija, nieta, pareja, y eso muchas veces implica conflictos en relación al hogar.
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