Disminuyó la venta de libros en 2016 y se estabilizó en el primer trimestre de 2017

Rodolfo Reyna, titular de la CAP, señaló que "la inyección del Estado nos da una mejor expectativa para lo que resta del año". 

En 2016 la industria editorial argentina produjo 27.704 títulos, un 15 por ciento menos que en 2015, y las ventas cayeron un 25,8 en relación al año anterior, aunque esa tendencia negativa disminuyó entre enero y marzo de este año, con una incipiente "estabilización" de las ventas, según se detalla en "El Libro Blanco: informe de datos estadísticos", que realiza la Cámara Argentina de Publicaciones (CAP). "En 2016 vemos una caída del consumo, pero afortunadamente en el primer trimestre de 2017 los números son más sólidos y, aunque es muy pronto para hacer una proyección anual, nos da optimismo", dijo a Télam el titular de la CAP Rodolfo Reyna. El único dato concreto al respecto es que en esos tres meses "el Estado volvió a comprar libros para aulas y bibliotecas, algo que no ocurrió en 2016", cuando en 2015 la compra pública de libros había representado el 14 por ciento de las ventas totales. Reyna agregó que "la inyección del Estado nos da una mejor expectativa para lo que resta del año", aunque "la venta de libros en 2016 y el primer trimestre de este sigue siendo menor a la de 2015". El informe distribuido ayer por la CAP indica que, de esos ejemplares, 37.800.000 se imprimieron en la Argentina (19 por ciento menos que en 2015); 4.200.000 en el exterior (41 por ciento más que en 2015); y que 9.500.000 se importaron (un 142 por ciento más que en 2015). Estos valores, señala el texto, se deben a "la liberación de importaciones", limitada entre 2011 y 2015, y "al alto costo de los insumos en el país", cuya razón principal ubica en "el peso del IVA en toda la cadena de costos de producción y comercialización, más que en la inflación". Otra de las cuestiones tiene que ver con que "imprimir en el extranjero cuesta entre un 51 y un 66 por ciento menos que hacerlo en la Argentina", según el estudio comparativo solicitado por la CAP a la consultora Promage, sobre el costo de un libro tipo entre junio y julio de 2016 en la Argentina, España, México, Perú, Chile, Brasil y China. Por otra parte, de esa producción de 37.800.000 ejemplares, el 42 por ciento corresponde a las editoriales comercialmente activas (ECA, que concentra a las grandes, medianas y pequeñas empresas), un 25 por ciento a los sellos de autor (vanity press) y un 4 por ciento a las editoriales emergentes (alternativas o independientes), segmento de la industria que no deja de crecer y que mereció un nuevo ítem en el "Libro Blanco". El grueso de esos ejemplares (un 56 por ciento) fue producido por los grandes grupos editoriales, que a su vez representan apenas el 9 por ciento de los sellos comercialmente activos, lo cual demuestra la alta concentración en la producción de títulos. La decisión de sumar un ítem que tenga en cuenta a las editoriales emergentes en el informe responde a "una intensa dinámica de nuevos participantes que van surgiendo año a año", y que "representa el 7,5 del total de los títulos de las editoriales comerciales", cifra que para Reyna "es muy importante", Se trata, remarcó, "de sellos pequeños, muy veloces y modernos que aportan, además, el cambio de oxígeno necesario para que el mercado editorial no se anquilose. Funcionan como el factor del cambio del negocio". "Es interesante ver que al sumar los editores emergentes, el sector editorial cuenta con 391 casas editoriales en actividad, una cifra comparable a la de muchos grandes mercados editoriales en el mundo", se lee en el informe. "El sector editorial argentino aún tiene una estructura tradicional que no aprovecha las nuevas tecnologías", señala el "Libro Blanco", aunque agrega que "la Argentina tiene un enorme potencial de crecimiento" en esa área, debido a que "sigue siendo el país con mayor hábito de lectura de toda el área del idioma castellano, y cuenta con una población joven y lectora, que ha generado los mayores éxitos editoriales de los últimos años". Asimismo, continúa afirmando que "es uno de los países del área del castellano cuya población vive más conectada a través de redes sociales, y cuenta con un parque de celulares per cápita (1,4 suscripciones por habitante) más alto que los mayores mercados de habla hispana, por encima de España, México, Colombia, Chile y Perú". Otros números que se incluyen en el relevamiento de la CAP tienen que ver con el mapa actual de librerías en la Argentina, y el casi inexistente peso que tiene en nuestro país aún la cultura digital en relación a la industria editorial. En la Argentina hay 1190 librerías: de todas ellas, más de la mitad (750) se encuentran en la Ciudad de Buenos Aires (350) y la provincia de Buenos Aires (450); en tanto que el 22 por ciento pertenecen a grandes cadenas y el 71 por ciento a librerías independientes. Otro dato interesante que arrojó el informe es que "el 80 por ciento de las ventas de libros se realizó a través de librerías" y el resto se distribuyó entre "puntos no tradicionales (8%), supermercados y kioscos (5%), venta directa (6%) y el 1% por Internet". Respecto al casi nulo crecimiento del libro digital Reyna señaló que "en el mundo de habla hispana el libro digital está menos desarrollado que en los Estados Unidos y Europa", y que las razones "tienen que ver con cuestiones culturales y estructurales". Este es el tercer año año consecutivo en que la CAP presenta "El Libro Blanco". Esta vez se encuentra dividido en dos partes: la primera describe la oferta 2016 de libros y la segunda describe la demanda 2016 de libros. Para la producción, análisis y depuración de las editoriales del país se trabajó con el International Standard Book Number (ISBN), él código de barras que registra cada título publicado en el año con sus respectivas tiradas, que provee la Cámara Argentina del Libro (CAL); con la Consultora Promage, especializada en estadísticas del sector editorial argentino; y con la investigación sobre Editoriales Emergentes de la Carrera de Edición de la Universidad de Buenos Aires (UBA). El informe aplica dos miradas simultáneas: la coyuntural (que describe la realidad que atraviesa la industria entre 2015 y 2016) y la estructural, para "entender la evolución del sector desde hace más tiempo con un horizonte de mediano-largo plazo".
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