Consejos para defenderse de los tuiteros que difaman

"ES UN MITO LEGAL QUE EL DISCURSO DE INTERNET NO ESTÉ REGULADO”, EXPLICÓ A TÉLAM SERGIO MOHADEB, ABOGADO Y DOCENTE UNIVERSITARIO.

Las publicaciones agresivas en Twitter pueden venir de la mano de una persona real (troll) o de las líneas de código de un robot ("bot", como se conoce a los sistemas que imitan comportamientos humanos), pero la cuestión pasa por ver hasta dónde se regulan esos comportamientos en esta red social que es la "reina de la ironía y las bromas", en el marco de la libertad de expresión en Internet. "Es un mito legal que el discurso de Internet no esté regulado, que cualquiera puede decir lo que quiera ya que existe responsabilidad civil ulterior o incluso penal en casos específicos", explicó a Télam Sergio Mohadeb, abogado y docente universitario.
Mohadeb, a quien cientos de tuiteros consultan diariamente sobre "derecho práctico" a través de su cuenta @dzapatillas, señaló que no hay una forma de unificar los casos de "trolleo" en Twitter porque son todos distintos: "no es lo mismo tuitear una amenaza que publicar contenido pornográfico infantil".
El especialista resumió así que la libertad de expresión en Twitter es absoluta, en la medida en que los mensajes no escalen a mayores y se conviertan en un delito que incluya amenazas, pornografía infantil u hostigamiento.
Es común que los trolls dediquen sus esfuerzos a difamar a otras personas, y mientras no se salgan del marco legal (y de las condiciones de uso del servicio) no hay mucho que se pueda hacer más que "no alimentar al troll".
"No alimenten al troll. No se le responde jamás. Que viva hablando sólo para otros trolls en un 'inception' de pura maldad", tuiteó a modo de consejo el periodista Daniel Molina, conocido en la red de microbloggin con el nombre de usuario @rayovirtual.
La popular frase "No alimenten al troll" viene de los primeros foros de Internet, cuando se sugería a los miembros de esas comunidades virtuales no responder a los usuarios que llegaban para molestar, provocar, o alterar discusiones.
Pero en Twitter los mensajes irónicos o en broma son los que priman, y es necesario diferenciarlos del comportamiento abusivo.
Para ello, esta plataforma tiene un apartado especial en su sitio web donde informa a los usuarios qué hacer ante un comportamiento abusivo o una amenaza violenta. Pero además de las herramientas disponibles para bloquear, reportar o denunciar una cuenta troll, los usuarios de Twitter tienen en la Ciudad de Buenos Aires existe una Fiscalía Especializada en Delitos Informáticos a la que pueden acudir.
Entre los delitos de los que se encarga este organismo se encuentra la pornografía con menores involucrados, el suministro de material pornográfico a personas menores de edad, el hostigamiento y el maltrato, las amenazas simples, la violación de secretos y de la privacidad, y el grooming.
"El 0800 (0800 33 347225) de la Fiscalía funciona las 24 horas, los 365 días del año. Cualquiera sea el ilícito que se denuncia o el lugar donde ocurrió (más allá de nuestra competencia), se recibe la denuncia de todas formas y se la canaliza por donde corresponda", explicaron a Télam desde el organismo judicial porteño, que en algunos temas —omo la pornografía infantil— trabaja en conjunto con las fiscalías de todas las provincias.
"Internet tiene muchas cosas positivas como, por ejemplo, que todo el mundo se puede expresar", resaltó a Télam Santiago Marino, doctor en Ciencias Sociales de la UBA, quien consideró que "no debe existir censura" en ningún caso ya que ese no es el mecanismo para tratar el tema.
"Por supuesto que si se puede demostrar una acción proyectada y planificada de un troll en pos de la difamación contra una persona, se puede frenar el ataque con una figura legal ya existente", resaltó el especialista, quien opinó lo mismo sobre los casos de grooming o pornografía infantil.
En este sentido, también existe una iniciativa del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi) -que se puede encontrar en el sitio http://internet.inadi.gob.ar-, que tiene como objetivo preservar el ámbito de Internet de cualquier tipo de manifestación de violencia discriminatoria que afecte los derechos de grupos, comunidades o personas.
"No alimenten al troll" también es el nombre del libro de cuentos de Nicolás Mavrakis, escritor y periodista cultural, quien declaró a Télam que hubo una evolución de este tipo de usuarios en los últimos años, ya que éste "como agente disruptivo del sentido, como pura negatividad, primero se profesionalizó y después se automatizó".
De todas formas, Mavrakis consideró que "la paradoja es que lo que ese proceso demuestra es también la involución de la figura del troll, su neutralización a través de su integración a un mercado gris de la construcción de reputaciones privadas y públicas en la web".
"No hay ningún motivo inteligente para creer que un espacio digital habitado por poco menos de la mitad de la humanidad va a ser menos violento, menos hostil, menos confuso que el mundo más allá de las pantallas", concluyó el escritor. (Télam, 10/08/16)
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